Nuestro cuerpo es un templo: introducción a una visión holística del SER

Tenemos relaciones bioenergéticas con cada parte de nuestro ser. Por SER me refiero al alma, al cuerpo y a la mente. Hay distintas maneras de llamar al conjunto de integraciones que constituyen lo que verdaderamente somos.
 
Hay conexiones todo el tiempo entre el alma–cuerpo-mente aunque las desconozcamos, de la misma forma que hay conexión todo el tiempo entre el cuerpo y el alma, porque ambos tienen funciones complementarias y una misión compartida. En la mayoría de las tradiciones religiosas se dividen estos conceptos como si se tratara de entidades separadas. Por ende, es imposible entender las funciones de cada cual. El alma y el espíritu se ven como partes de una eternidad fuera de nuestro cuerpo. Estas interpretaciones son equivocadas y difíciles de aterrizar.
 
En una metáfora, la religión tradicional ha dicho: una cosa es la gota de agua,  otra muy diferente el H20 (nivel microscópico), y otra muy distinta el océano (nivel macroscópico). ¿Cómo pueden ser tan distintas unas de otras si cada parte es sólo una capa dentro de otra capa?
 
Nada está separado y por lo tanto: todo sucede al mismo tiempo.
 
Ahora mismo el alma está escribiendo. Ahora mismo hay un lector que está conectando un significado en su mente y en su cuerpo.  
 
Para entender nuestro cuerpo, es necesario abarcarlo desde un punto de vista más integral. Así es que, he propuesto algunas leyes que nos ayudarán a comprender el campo holístico del cuerpo.
 
Las leyes fundamentales de nuestro templo interior: el cuerpo humano
 
1. El cuerpo es complejidad y unicidad
2. El SER es bioenergético para el Universo y desde el Universo
3. El cuerpo es temporalmente encarnado del alma
4. El cuerpo se conecta bioenergéticamente en su nivel de pensamiento evolutivo (su tribu vibracional)
5. El cuerpo tiene un diseño vital y un ADN divino. No es azaroso ni surge espontáneamente.
 
1. El cuerpo es complejidad y unicidad
Somos únicos, irrepetibles y poseemos una huella de identidad que no se volverá a repetir. Esto nos convierte en un milagro. El milagro no lo podemos explicar racionalmente, así es que se vuelve complejo para entenderlo y explicarlo en términos “Puramente humanos”. Hay que salirse del cuerpo para comprender al cuerpo. Esto se logra al des-identificarnos con una masa física operacional que hemos denominado “aparato humano”. Sabemos que somos mucho más que sólo lo que vemos. Esta última identidad la proporciona la intuición de nuestro SER y la canción propia de nuestra alma “aquella música que hace la magia”.  
 
2. El ser es bio-energético para el Universo y desde el Universo
Somos energía que se transforma. Pero no actuamos separados del Todo. Está comprobado que cualquiera de nuestros actos, acciones y pensamientos afectará en cierta medida a otro extremo del planeta. Esto se le llama en ciencia: “efecto mariposa”. Es decir, el aleteo de una mariposa afecta el otro lado del planeta. Nuestras acciones también afectan al otro lado del planeta. Y como el planeta tampoco actúa como una entidad separada, nuestras acciones se conectan directamente a aquellas existentes en el Universo (La Totalidad).
 
3. El cuerpo es temporalmente encarnado del alma
El cuerpo es solamente el medio por el cual, el alma encarna sus funciones en la tierra. El cuerpo es la vasija que llena el ingrediente principal. En esencia no somos únicamente cuerpo. Es decir, fuimos alma y seremos alma. Ahora, durante el tiempo en la tierra, nos toca encarnar una experiencia terrenal. Nuestro SER existe antes de nosotros y seguirá existiendo como una entidad eterna en la Creación.
 
4. El cuerpo se conecta bioenergéticamente en su nivel de pensamiento evolutivo (su tribu vibracional)
No podemos conectarnos a aquello en lo cual no vibramos energéticamente. Por eso dicen, que si intentáramos mirar a Dios frente a frente, moriríamos al instante. No es que Dios sea inalcanzable, es que nuestra vibración energética aquí en la tierra, dista mucho de ser Luz Pura. Pero para eso estamos aquí.  Queremos conectarnos con un nivel de vibración cada vez más alto. Y para ello, debemos obtener vibraciones de energía más poderosos que vengan de pensamientos más elevados, de personas que nos aporten sabiduría espiritual, de recursos energéticos de alta vibración disponibles en la tierra, de tradiciones que lleguen por conciencia o se hagan presentes en las prácticas meditativas como la oración, el ayuno, la meditación reflexiva. Sobre todo, en la práctica del Amor y en la voluntad de caminar y seguir al Cristo.
 
Nuestro cuerpo energético nos conecta vibracionalmente y paralelamente a lo que estamos emanando. Así es que, lo que damos, recibimos.
 
5. El cuerpo tiene un diseño vital y ADN divino. No es azaroso ni surge espontáneamente.
Nadie puede poner en duda el milagro de la Vida. Cada latido del corazón es una emanación de Amor del Universo y de Dios. Nuestro diseño es perfecto. Nuestro camino es perfecto. Nuestro SER también lo es. Aún cuando estemos en constante aprendizaje, hay un fin y un propósito, una ley que lo encauza todo astronómicamente y geométricamente.  El ADN es sin dudas, el ejemplo más claro de lo que debemos entender acerca del cuerpo humano: para empezar, hay que honrarlo, respetarlo, nutrirlo, bendecirlo, encauzarlo, enseñarlo y amarlo.
 
Solamente si entendemos qué es el cuerpo, podremos entonces tratarlo íntegramente como un verdadero Templo.  Luego entonces, el Templo ejerce su función aquí en la tierra: ser la vasija de oro que dejará entrar la LUZ.

Autor: Arianna Bañuelos, 25 julio 2017
 

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