La piedrecita en mi bolsillo

Desde hace algún tiempo he traído una piedra en mi bolsillo, a veces una turmalina negra para recordarme que soy protegida siempre por el Yo Soy, o una piedra en forma de corazón para tomarla con mis manos y cuidarla, cuando siento que estoy descuidando el amor y la compasión que ya habitan en mí.

Cada vez que meto la mano en mi bolsillo y la sostengo suavemente, respiro profundamente y siento una gran tranquilidad, porque le he pedido que se convierta en mi recordatorio para respirar consciente, para caminar consciente, para vivir consciente. Me recuerda que la Fuente inagotable está disponible para todo el que la busca. El sólo hecho de tomarla entre mis manos, inspirar y expirar con serenidad, me ayuda.

Parece algo simple, pero es una práctica muy útil que ha ayudado en mi autobservación, cuando voy manejando y no quiero perder el control al enojarme con todo aquel que se cruza en mi camino (sin un poco de consideración), cuando estoy en un lugar donde me siento incómoda, o incluso en el trabajo cuando hay demasiado estrés y tengo que regresar a mi respiración.

En realidad, la piedrecita en mi bolsillo es mi maestro, mi compañera de práctica en este proceso de autoconocimiento, que para cualquiera que lo ha emprendido, sabe que se torna difícil. Requerimos, entonces, de todo medio de gracia que nos saque de nuestra confusión y letargo… de nuestra ensoñación.

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